En Venlo vivía en una casa grande, diseñada en los años 30, habitada por estudiantes. Desde la puerta principal hasta mi habitación había un buen trecho. La entrada era muy interesante, con una puerta arqueada que daba a una sala con tres puertas dando a otras tantas habitaciones. La escalera llevaba a un rellano desde el que seis puertas idénticas conducían a otras habitaciones, pasillos y escaleras. Una de esas escaleras conducía a otro pasillo con siete puertas más, una de cual era la de mi pequeña habitación que tenía una cama, un lavabo, mi caballete y poco más. La casa era laberíntica y hacía falta un plano para orientarse. La idea de una mapa con cual se puede navegar por un cuadro mostrando lugares diversos me intrigaba. Los cuadros fueron como mapas de carreteras para que cualquiera pudiera encontrar el camino hacia mi habitación desde la puerta principal aunque estuviera oscuro.

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