En España llueve poco. Tormentas, especialmente hacia al final de verano cuando, después de meses de calor agobiante, la humedad aumenta y los cielos se abren. En Hacia el Fin de Verano corremos a cerrar las ventanas mientras la lluvia cae con fuerza. Pero el viento de la tormenta las abre rompiendo la cuerda. Después de la tormenta abrimos las ventanas y al mismo tiempo la lagartija, que se ha refugiado en el alféizar de la ventana, se sobresalta y se va corriendo hacia el sol que brilla a través de un hueco entre las nubes. El arco iris, símbolo de paz de Dios hacia Noé, anuncia el fin de verano.
La vida de este cuadro comenzó en primavera de 1993 cuando vi un arco iris sobre el pueblo de Polop. Bajo el arco iris había luz y color mientras en el lado opuesto de la banda prismática estaba oscuro y tormentoso. La escena me impresionó tanto que tomé nota en el único pedazo de papel que tenía a mano. Guardé aquel pedazo de 4 x 5 cm. en una cajita sin saber para que ni cuando iba a utilizarlo. Tres años más tarde vi otro arco iris impresionante que me recordó el boceto. Pero esta vez la idea de ponerlo en un cuadro de una ventana, con vistas antes y después de la tormenta, fue la solución lógica. Porque acabé de pintar La Ventana Rota. Como en todos mis cuadros, una idea me lleva a otra.
Tomé la decisión de hacer un cuadro de una ventana con un arco iris. (Si, ya sé que pintar un arco iris es un cliché, pero, por lo menos, reconoced que no estaba intimidado ni tenía miedo de enfrentarme con el tema. Es un hombre valiente él que acepta trabajar en un tema tan gastado. Solo tenía que encontrar un paisaje adecuado. Por suerte no fue tan difícil porque cada vez tomaba la carretera entre Altea y Polop veía siempre una casita blanca situada entre los olivos y pensaba en la gente que tenía la suerte de vivir ahí. Entonces, durante el verano de 1996 lleve la parte central del cuadro al campo y trabajé ahí cada día entre las 2 y las 5 de la tarde hasta que lo terminé. Después, cuando estuve satisfecho con el paisaje, tomé el boceto y con este y mis recuerdos, pinte el cielo oscuro. Unos años después en una exposición un señor muy observador me dijo que había cometido un error: los colores de arco iris iban en un orden diferente. En un raro momento de inteligencia le respondí: "No soy ni una cámara fotográfica ni un científico, ¡soy un poeta!"
Pinte los dos paneles con sus reflejos y la lluvia en mi taller en pleno verano durante la sequía que sufre el sur de España cada año.
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