A lo largo de los años he vivido en varios lugares, pero en lugar de tomar fotografías como recuerdo, he preferido pintar cuadros. Nunca trabajo sobre fotografías porque recrean solo un instante del tiempo real, mientras que un cuadro puede ser una mezcla de varios momentos y distintos puntos de vista. Éste cuadro es una visión rotativa de mi piso en Barcelona. Tiene de todo; desde el fregadero en la cocina hasta el extintor, todo pintado en de un modo realista y prosaico. El espacio en el cuadro puede leerse como en un mapa; una superficie plana que relaciona un sitio con otros, a pesar de que esto no es un plano arquitectural. El espacio viene y va porque los objetos están interpretados para ser vistos y sentidos de forma tridimensional pero, en lugar de moverse dentro del plano del cuadro, como en la tradición de perspectiva renacentista, podemos movernos arriba y abajo en el plano del cuadro como en cuadros hindúes, chinos o egipcios. Al mismo tiempo, el cuadro es más que un inventario del piso; es una historia, hay figuras, actividad. Añadiendo otra capa al cuadro, el elemento tiempo, podemos ver a través de la ventana del dormitorio que la noche ha llegado.
No obstante, describir el cuadro como realista sería un engaño y surgiría la pregunta de cual es la diferencia entre lo que es reconocible y lo que es real. Un cuadro es una idea, un concepto de realidad. No sería cierto decir que mi piso es así, aunque uno puede reconocer algunos elementos. Pero, si eres un ladrón que está pensando en robarme, el cuadro no te servirá como plano, lo siento; lo único que conseguirás será adquirir práctica.
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