Sammer Gallery, Segovia

1 junio - 31 julio de 1995

5 cuadros expuestos




Espiral de las Artes
Marguerita Iglesias

Arquitecturas de Luz

Podemos decir, en principio, que las obras de este artista inglés afincado en España parecen ofrecer una propuesta ampliamente diferenciada a las que, por su personalidad y creatividad, nos tiene acostumbrados la nómina de artistas de la Sammer Gallery. Refiriéndonos ahora a la obra de Paul Critchley, cada una de sus piezas revisten la originalidad de trabajar en curiosos formatos que en realidad implican una nueva concepción del diseño y del espacio adaptado a la pintura.

Una asimilación cultural

Critchley, pintor británico nacido en 1960, refleja en su pintura un claro ejercicio de asimilación a través de la imagen. El pintor reside en España desde el año 1991; y sus obra implica la asimilación de uno de los entornos más característicos de nuestra geografía y de nuestro reclamo cultural. Formando en su país de origen en estudios de arte y diseño, es precisamente su elección de vivir en España la que justifica esa continua reinterpretación en su pintura del entorno mediterráneo. Bajo este mismo aspecto, su obra refleja desde la sencillez diversos matices espaciales, y también de sentido. Tememos aquí la oportunidad de acercanos al comentario de su producción más reciente, correspondiente a los años 1994 y 1995.

Como decíamos, si hay una primera característica a vista es la curioso formato que pueden ofrecer un acabado cóncavo convexo, que parecen exhibir, en cada caso, una lectura distinta; con parecidos o similares elementos configura mensajes distintos. Desde su irrupción en el mercado español, el factor de sencillez y originalidad de su pintura, le confirman como el autor de una obra que no sólo es exitosa en sus propias exposiciones sino que también se ha mostrado en ferias como una realmente atractiva para el público. Junto al original formato, Critchley aporta también la definición, claramente sencilla, del color, dotado de luminosidad a través de una paleta corta - es decir, no muy amplia, pero sí llena de efecto - y siempre adecuada al tema de su pintura. Cada una de sus obras nos ofrece diversos rincones del paisaje urbanístico mediterráneo, narrados siempre con simpatía y con una suerte de costumbrismo limpio y reflejado con una definición.

En este paisajismo de ambientación casi callejera es también habitual que la figura esté ausente. Parece entonces claro que este paisajismo supone en la obra de Paul critchley una asimilación que resulta casi asombrosa, como decíamos, por aportar un ejercicio de fidelidad para recrear un paisaje real y posible. Pero aunque sabemos que su fuente de inspiración real y tangible, el artista británico apunta, además, un entorno de fantasía, ocupando el espacio con una tercera dimensión que le permite mayores posibilidades narrativas. En definitiva, su pintura es una constante por la libertad que ofrecer trabajar en esa nueva dimensión y en nuevo plano; y todo ello con la sencillez plástica y cromática como forma y concepto de un singular paisajismo. Todo ello con un compacto protagonismo lumínico para una obra sencilla pero también, en alguna medida, espectacular. Es así que su obra ofrece en conjunto el atractivo desarrollo de una arquitectura dominada por la luz y la simpatía. Y es también que hay completa ausencia de complicación alguna; porque esa simpatía de la que hablamos es, ante todo, sencillez formal planteada en esa nueva concepción del espacio pictórico. El fondo se transforma, así, en un asunto que cobra importancia al condicionar la percepción global de la obra.

La primera exposición individual de este pintor tuvo lugar en 1987, en la cuidad alemana de Hilden, en donde residió durante un tiempo. Posteriormente, su obra recorrió también diversas ciudades europeas; y hoy forma parte de numerosas colecciones privadas, no sólo en Europa, sino también en Estados Unidos. Es en el año 1992 cuando participa en su primera exposición colectiva en España, y en el 1993 realiza su primera muestra individual en nuestro país. Desde entonces puede decirse que su efecto de acoplamiento ha sido total y completo, y que su propia obra puede dar buena fe de ello.

El Juego entre la luz y la sombra

En la obra de Paul Critchley podemos también leer el sutil juego que ofrecer entre la luz y la sombra, siempre con elementos sencillos y, sobre todo, de fácil comprensión; y en ese juego de luz y sombra el color blanco no sólo existe, sino que, además. actúa plenamente como contrapunto cromático. Al revisar algunas de sus obras, encontramos piezas como la titulada 'Altea'. que resulta característica y claramente lograda por su ambientación y naturalidad y también la calidez que aporta la luz; en su obra 'Vacant house'. se nos ofrecer un claro entorno de sereno color y de tranquilidad, de relajante vacío.

En otra de sus obras como 'The old gateway' vemos que trata una nueva perspectiva de profundidad, de una realidad que invita a entrar al interior de otra realidad. Si nos fijamos en piezas como 'Man in his house' encontramos que es, por las formas algo diferenciadas que, en esta ocasión presenta la arquitectura con una curiosa sensación de misterio; si, por otra parte, revisamos piezas como 'Road to the olives' encontramos nuevamente ese diálogo entre la luz y las sombras que critchley sabe resolver tan bien en el vacío de una calle. También podríamos mencionar, por ejemplo, 'La casa de la esquina', en una toma más compacta y densa, y totalmente inundada de luz. Podemos, igualmente, destacar que su pintura, al ir más allá de las posibilidades del plano y utilizar esa nueva dimensión, se convierte en una original visión de poesía (por el bello y limpio tratamiento de la luz) y de testimonio, al tiempo que el hecho de encontrar nuevos ángulos y visiones le permite conseguir una divertida interpretación personal del espacio.

En su haber, Critchley dispone de varios premios conseguidos, la mayoría de ellos, en su país de origen y a partir del año 1982; en 1993 era galardonado en nuestro país con el X Premio Nacional de Pintura "Villa de Teulada". Su obra ligera, también curiosa y amable, se nos muestra llena de estilo; su simpática simplicidad y su serena originalidad alcanzan, en cualquier caso, a aportar nuevas posibilidades artísticas que, en el caso del pintor británico, cuenta ya con no pocos adeptos.


volumen V, Nº 25/26, 1995


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